Vitácora de Viaje

PARCERA ESTA TIERRA SINCERA, PARCERO PARA EL MUNDO ENTERO

Así se llama al amigo, a la amiga aquí en Colombia, el que va a la par: parcero, parcera, parce.

Ya hemos contado de la Tiendita nómade, del Ice Bucket y nuestros peces, que se han convertido en hermanos. Seguimos por Mocoa y Putumayo con Pipe, Buri, Bocha y Michael.

Pero continuando en Huila nos detenemos otra vez para destacar la maravillosa capacidad de amistad que tienen las y los habitantes de esta geografía.

Nadie te obliga a confraternizar con quien te contrata para hacer un trabajo y menos con las personas que trabajan para quien te contrata, así son en Mandioka (restaurant de Pitalito) Así son Yuka, Brito, Jime y Nico, compartidores de pensamiento y buenos momentos, maestros del billar y generosos cocineros. Todes chef del gran gusto y el buen disfrute. Así se quedaron en nuestros corazones.

Tampoco nadie obliga al cuidado de un extraño o conocido de unos días. Pues así se comportó el entrañable Michael con nosotros al procurar que no nos sintiéramos solos en su ciudad. Él que estaba con mil quilombos antes de volverse a Ecuador e insistió tantas veces, a pesar de los desencuentros, hasta que el último día que se vino a despedirnos donde estábamos para presentarnos a su hermano y darnos un abrazo de buenas vibras.

Que decir de las familias de Verde horizonte, Mónica, Oliver, Javier y el pequeño Manuel, quienes nos brindaron su amistad y confianza por tantos días. Hasta la música compartimos en un improvisado escenario de portal.

Alixon y Flavia, reviviendo historias de rock y Argentina, entre muchos mates y algunos tragos.

Cali sin dudarlo nos ha dado dos afectuosos hermanos Sandra y Lem, que apenas conociéndonos por referencia se abrieron a compartir toda su cotidianeidad con nosotros. Enseñándonos a bailar, dándonos de comer, paseándonos por toda su querida ciudad y abriéndose desde su corazón. Rubén, Claudia, su familia y el grupo de teatro Thelema con quienes vibramos en días de mucha emotividad, ensayos, obra y clases mediante. Un sentimiento que nos acompaña al ver un grupo que la pelea por no banalizar nada y construir arte en sincronicidad con los vínculos.

Abrazando a un nuevo compadre paisa mago de la rima y las guaduas, el Mono, continuamos nuestro periplo con la promesa del reencuentro. Y sin recalar en un solo destino desamparados, rápidamente nos reciben en Montenegro (Quindío) los compañeros de Raíces Café y El grupo de teatro Espejo en el espejo: Jhonatan, Caro, Camila, Leidy, Edwin, Luis y más parceros, siendo interlocutores geniales de las propias vivencias y deseos de un mundo mejor, que por supuesto ya están construyendo, vivenciando el arte y la lucha como herramientas para la felicidad de todos y todas.

Sin fronteras es la propuesta de este espacio en Dos Quebradas (Caldas), un refugio de ciclistas y aventureros, una universidad de la autogestión. Allí abrazamos cariño con esa comunidad itinerante, Sandri y Juanka, Leónidas, Omtse, don Pedro, Diego, Carlos, Dago y Julián y por supuesto el causante de todo el querido José David, unos días de descanso y reavivar el espíritu entre charlas de política y medicina ancestral. Legítima convivencia.

En fin, no queremos hacer enumeración, pero tampoco queremos olvidar ni una de esas almas que nos alientan a cada paso.

Repetida secuencia que nos maravilla y hace el viaje más lento de lo esperado.

Creemos en la coincidencia de encontrarnos, también creemos en la frecuencia que nos reúne, pero más creemos que lo que nos da plena felicidad es reconocer la hermosa humanidad que se repite en cada uno de sus rostros, con vidas e historias tan distintas. Nos devuelve el verdadero placer del viaje: transitar con las personas. Y ojalá algo de la buena energía y los buenos recuerdos quede para todos y todas ellas.

Predecimos muchos más encuentros así, porque a pesar de que los gobiernos y las mafias quieren destruir a este maravilloso pueblo, Colombia resiste a fuerza de solidaridad y alegría.