Vitácora de Viaje

CALI VA NARRANDO ENTRE GATOS Y MEDIANOCHE

Como siempre que llegamos a una nueva ciudad grande, nos preparamos para el caos.

Ya nos han hablado de la ciudad de la RUMBA con mayúsculas. Sin embargo se convirtió en la continuidad de los parques para nosotros, no solo por su maravillosa frondosidad sino porque de observadores pasivos una vez más, como en el cuento, nos metimos en su sustancia, siendo vecinos, siendo activos  y pa eso vinimos pues!

Tierra fértil es Colombia para germinar nuevas amistades, pero también nuevas ideas y ver florecer nuevos deseos. Sabiendo que el teatro es nutriente imprescindible para la creatividad en el día a día y hacemos arte de camino, el encuentro con este grupo de niños y jóvenes del colegio La Merced, fue renovador. Verlos con tanta curiosidad y pasión por el arte dramático, por expresarse, decir, abrirse, sincerarse… pero más, con entusiasmo por la construcción de grupo y la creación colectiva, el sentido de camaradería en el trabajo y la responsabilidad, nos despertó otra vez el amor por compartir el conocimiento. Sí, otra vez, porque en esta cultura hegemónica que todo Latinoamérica parece compartir, está muy bastardeada la labor del arte, en TODOS los rubros y la política de consumo por sobre todo se ha ocupado de trabajar incansablemente en contra del gesto inútil (para el mercado) del teatro y de la práctica inservible  (para el establishment) del grupo independiente, casi nos convencen de que somos idiotas si seguimos intentándolo. Lo digo: la frivolidad enfría las neuronas y los corazones, nos abstiene de sentir y nos compele a perecer en franca sumisión y adaptación. Por esto digo y decimos, otra vez y al mismo tiempo que Rubén Hincapié (el maestro de teatro de estos actores y actrices, fundador del grupo tenaz THELEMA), quien pelea a diario con la misma pasión para revertir esta ecuación del horror cultural, que él nos haya invitado a entrar en el juego ha sido un honor.

Este juego que como teatreros y que con Gustavo, a pesar de no ser actor pero por su mismo candor que nunca lo ha abandonado, compartimos. Creo que este juego nos sintoniza con las personas justas. Esas que viven en una constante predisposición a la imaginación y la creación. Sin imposibles. Atravesadas por una sabia infancia. Mono, se me viene a la cabeza, en su breve paso por nuestras vidas de un día y medio generando un compromiso de reencuentro, obsequiando su arte en guadua, abriéndose y compartiendo su familia con estos desconocidos, nos quedó por escuchar sus rimas caminando por los barrios… Damos la vuelta en una esquina imaginaria  y allí están, Lem Echavarria y Sandra Herran. Llegamos a ellos por intermedio de otra maga de las artes escénicas, pero además cultora de los viajes y las amistades, Florencia Cresto.

Allí están nuestros amigos, en el Refugio – nombre justo para el barrio de sus moradas- aquellos que se ocuparon de cuidarnos y darnos tanto cariño en nuestra estadía. Sabedores de sus artes e incansables partícipes del disfrute  y el compartir. Gente generosa que no se guarda nada, tampoco cuando hay que decir lo que hay que decir. Pero sobre todo no se lo guardan creo porque son felices de verte sonreír, y se les nota en el rostro, la buscan… la sonrisa, como quien indaga un enigma, y cuando sale, zaz! que victoria!  No por nada uno es artífice de su mundo de animación de eventos y la otra es apasionada cocinera, chef, dos vocaciones que requieren de un público a convertirse en dichoso, dos tareas que alimentan al cuerpo y el espíritu.

Esta ciudad de gatos y salseras, este jardín de frutales en las calles que es Cali, panorama complejo al mismo tiempo de grandes confrontaciones como las tomas universitarias reclamando por la educación pública, y resistencias heroicas de los viejos oficios , como la recuperación de la imprenta La linterna por sus propios trabajadores. Es ciudad de calles libres pero territorios enemistados, y cortes sociales que dividen, cual barrera, invisible al oriente de todo el resto. Como si en la Simón Bolivar  se hubiera terminado el mundo. O al menos al que llaman “seguro”. Esta ciudad alberga una larga historia que no hemos podido abarcar en tan poco tiempo. Nos contaron tantísimas cosas, sobre la gran explosión del56 que borró del mapa un barrio entero con sus habitantes en la “zona de tolerancia”, supimos también de la cuna de la salsa caleña: los ingenios azucareros y sus ingenieros cubanos.  Y además, y antes, los Calimas que dan su nombre al territorio y qué de aquel colonizador que fundó la ciudad sin estar presente y cuya estatua lo erige mirando la ciudad pero apuntando para atrás – al puerto de buenaventura- como quien patea el penal mirando la tribuna. Bien se comprueba que para ser hay que estar. Y así nos estuvimos, mirándola y habitándola, sin poder abarcarla, pero al menos nos vamos con ese sabor a territorio vivo, de calidosidad vibrante. Aquí en Cali suceden cosas buenas, se gestan nuevos horizontes, mirando para donde se señala y por sobre todo se hacen querer, por eso siempre querremos volver.