Vitácora de Viaje

DE PUTUMAYO AL HUILA UNA SOLA FAMILIA

Suspirando luego de llegar sanos y salvos a tierra- aquel viaje se sintió como un vuelo de tanta cornisa y sobresalto-, estamos en las inmediaciones de Mocoa,  más precisamente en el río Pepino. 

Un hermosísimo cause de agua clara que refresca lo que ya se ha convertido en un aire bien tropical. Estamos en el Putumayo y aprovechamos a descansar a la vera de sus corrientes.  Con dos objetivos: cambiar las ruedas que no dan más y parar unos días así recuperar el aliento.

Igual ya estamos cancheros en esto de cambiar planes porque la verdad es que sino no se viaja. Así lo tomamos cuando descubrimos que no hay ruedas para la hitana en la zona y habría que seguir camino como estábamos (pésimo con una cubierta remarcada a punto de morir y sin auxilio) y bue,  habría que apechugar. 

En eso estábamos pensativos frente al río  cuando se aparecieron Pipe, Buri, Bocha y Michael.  Nuevos amigos de ruta. Todos jóvenes y llenos de sueños y proyectos,  gente trabajadora, generosa  que goza de la vida y se hace querer bien rápido.  De esa estirpe Colombiana que le da ganas a uno/a de quedarse a vivir. 

Así que dando una mano con nuestros conocimientos de la web para sus proyectos surgió la propuesta de Pipe de pasar unos días con su familia en Pitalito (Huila). Lo tomamos como un gesto de buena onda pero no nos imaginábamos que tan así sería, la inmensa hospitalidad. 

Pero antes de irnos al Huila nos quedaba un paseo por disfrutar. Las cascadas del fin del mundo. Que así quedaron sin visitar (ja!) cuando descubrimos que no podíamos llevar a Wayna.  Semejante lugar tan maravilloso y no íbamos a dejarla fuera!!

Por suerte Mocoa es un vergel hermoso de cascadas y ríos, así nuestros amigos nos contaron del Hornoyaco una preciosa caída de agua con pozón de 6 metros en medio del monte.  Allí podíamos ir los tres!!!! Así que emprendimos la caminata de alrededor de una hora, muy bien señalizada. La ida nos tocó con lluvia y patinando en el barro, rodeados de nacientes de agua y una vegetación exuberante. El momento de descenso también demarcado y con sogas para ayudarse (no apto para personas con dificultades físicas ). Precioso camino rodeado de mariposas e insectos gigantes. No nos cruzamos prácticamente a nadie. Y para nuestra sorpresa nadie en absoluto llegó mientras estuvimos. Es decir esa cascada imponente de 40 metros sólo para nosotros. Una experiencia de naturaleza plena, con todas sus temperaturas y sonidos. Hornoyaco es un sitio  que los lugareños conocen muy bien pero no está aún muy explotado para el turismo por eso se conserva bastante virgen y casi sin basura.

Felices y plenos regresamos a la ciudad. Listos para emprender la ruta hacia Pitalito (bastante rota por cierto)

Antes de arrancar el viaje los amigos Buri y Bocha nos invitaron a su riquísima pizzería y  Pipe nos obsequió unas imágenes  impresas en su estudio fotográfico para embellecer a la furgo.

Partiendo hacia el norte nos fuimos a más calor y color cada vez.

Llegando a Pitalito nos recibió la familia de Pipe, padre y hermano  ( Pacho y Yeison). Varios días han pasado desde que nos quedamos parqueados en este bonito condominio “verde horizonte “(un mes! con intervalos). Aquí hemos hecho más amigos (imposible no hacerlo en Colombia) y Pacho además se ha encargado de ayudarnos a conseguir trabajo con las páginas web.  Practicando el intercambio siempre, lo ayudamos así a crear una para su fundación de ayuda a niños y jóvenes con discapacidad.    Perfecto plan se dio por aquí y sin darnos cuenta ya se cumplieron nuestros primeros 3 meses.