Vitácora de Viaje

CAMINO DE LA MUERTE

Alegremente nos aventuramos siempre a nuevos rumbos, nos encanta conducir por la carretera hacia nuevos destinos, porque nos atrae transitar por nuevos caminos. Colombia es especialmente hermosa por ser tan verde, y aunque sus rutas no son las mejores, es un placer recorrerlas. Esta vez es el turno de una vía destapada (de tierra) rumbo a Mocoa Putumayo. Ya nos recomendaron, hacerla de día, es puro ripio (como decimos al camino de tierra en argentina) y por sobre todo es de montaña, lo que implica mucha cornisa y tramos donde un solo vehículo pasa. Mas recomendaciones? Sí, nos cruzaremos muchas “mulas” (camiones) de medio porte por que los grandes no caben en la ruta… y lo más importante asegurarse que no haya llovido fuerte o no esté lloviendo fuerte, porque pequeños ríos atraviesan la vía y ha habido casos de vehículos que se los llevó la corriente y no la cuentan. Auch! Bueno, pensamos, será por eso que le dicen la ruta de la muerte… Pero no pasa nada, nosotros somos muy prudentes y vamos con mucho tiempo, horas para atravesarlo 83 km de un bello paisaje y la Hitana se la banca a pesar de que ya está pidiendo cambio de gomas.

8 de la matina y con el mate listo comenzamos la travesía. Ni idea teníamos de lo locos que están quienes la circulan todos los días. El paisaje es hermoso sí, para quien pueda estar atento, nuestro esfuerzo hicimos para filmar porque vale la pena, pero la verdad es que la cosa después se puso seria. Sinceramente  hay tramos que no tenemos idea como lo atraviesan los camiones porque nosotros pasamos justo, de hecho el borde del camino es una arista desmoronada con unas tiras de esas plásticas amarillas de obra con unos palos para marcar el peligro (!!!), pero bueno vamos bien, vamos bien… algunos pasan a más velocidad de lo normal, seguro se conocen el camino de memoria, pero vamos bien… en las curvas largas nos eternizamos y hay que esperar a ver de lejos que no venga nadie, porque sino hay que volver para atrás ya que quien viene de subida tiene prioridad y andar marcha atrás de bajada no sería sencillo… se imaginan el tramo de uno a uno es laaargo…. pero vamos bien… todavía no cruzamos ningún arroyuelo fuerte, el Gus es un as al volante… vamos bien.

Ya son las 3 de la tarde y falta más de media ruta dice el GPS (que poco ayuda ahora no hay donde perderse, es todo derecho sin desvío)… vamos bien, íbamos bien  hasta esa  curva maldita y don rápido y furioso camioncito que viene de frente en bajada … Me detengo para exponer: el camino es estrecho solo uno pasa, hay cornisa y alto muro piedra del lado de la montaña, somos dos vehículos de porte considerable, estamos con la gitana de subida, tocando bocina… me detuve en vano porque al fulano poco le importo y se pasó las leyes de tránsito y la vida de todos por donde más le pesan ( las bolas) y arremetió… no nos quedó otra que tirarnos para la montaña,- la cornisa no era opción -y después del doble pum! bollo del lado derecho de la gitana contra la roca y bollo del lado izquierdo contra la chata, maldición en todos los idiomas mediante, el fulano – y por eso no sabemos quién era- siguió su viaje sin aminorar la velocidad ni un instante… tampoco pudimos bajar a ver que pasó estando en el camino estrecho ni dar marcha atrás para ir a buscar al desmadrado… veníamos bien…

Seguimos un tramo considerable hasta que hubo lugar para parar. Bueno, son abollones en la chapa, no se dañó casi nada la obra de Araq (le pusimos cinta plástica transparente para restaurar provisoriamente) y la puerta abre y cierra bien del otro lado, la furgo funciona, podemos seguir, ya no es tanto el tiempo que resta para que anochezca (tipo 6.30) y estamos haciendo el camino más despacio de lo que pensábamos – suele suceder-

Ya siendo las cinco otra vez veníamos bien de vuelta …y  en vía de uno a uno atravesamos un ripio un poco agudo… cuando  se escucha una explosión que nos para el cuore, nadie nos chocó, que carajo?… la pata izquierda de la Hitana reventó, no daba más pobrecita… mucho camino recorrido ya, es entendible, lo que no es entendible es que nos suceda en ese tramo donde no pasa más que uno… en fin, con paciencia y la ayuda de algunos parroquianos impaciente por seguir, la cambiamos por la de auxilio. Mientras una fila de 6 y 8 vehículos detrás y delante se formó- es muy transitado a esas horas, no tardamos más de 10 minutos- pero salir de ese embrollo fue una historia increíble porque todos tuvimos que retroceder como 50 metros hasta un lugar donde dejamos pasar a la cola de frente y recién luego, como fuimos los que causamos el retraso, tuvimos que esperar a que pasaran todos los que estaban detrás para continuar la ruta, no sin notar algo importante… la rueda de auxilio no era exactamente de la misma altura que las otras a pesar de que el rin es 14… que significa? que empezó a tocar el amortiguador y a hacer un ruido que de continuar creemos  nos rompía todo… La historia es larga (nuestra característica de rueda es muy complicada de conseguir y ya había sido difícil en Ecuador cuando se reventó la primera vieja y hubo que comprar otra que reemplazara el auxilio y nunca probamos- mala nuestra-)

Conclusión parcial… no podemos seguir camino así. Paramos en una especie de banquina, esta vez sí del lado de la cornisa y pensamos… hay que llevar a un montallantas (gomería) a arreglar- si es posible- la que se rompió o conseguir otra usada –tarea titánica-… Hacemos dedo, para un camión muy amable, Gus se va con la rueda, Jor se queda a cuidar la camioneta y la Wayna por supuesto… Son la 6 de la tarde…

El tramos que falta es largo, el camión va lento, rogando porque el montallantas esté abierto o quieran atenderlo… está anocheciendo, el atardecer es precioso, pero un poco peligrosa la ubicación en que quedamos, curvas por todos lados y un tránsito movidito, en poco rato la furgo va desaparecer en la oscuridad, hay que encender las balizas, poner  los conos se seguridad, salir de la furgo, si alguien nos choca y se va para abajo, se va con tripulantes y todo… pero si afuera ven solas a la perrita y a Jor parecen blanco fácil para lo que sea, no tenemos idea si la zona es caliente o no, la verdad, así que,  arriba todas  otra vez y esperamos, no hay señal de teléfono, mierda!… Mientras tanto antes de llegar a Mocoa el camión lo deja a Gus en la zona del rio pepino, un hermoso lugar donde hay un par de montallantas. Un hombre bastante huraño lo atiende y casi sin hablar mira la “llanta” como dicen aquí y procede a repararla, Gusti inquieto le pregunta cómo va a quedar y él no responde más que –bien. No tengo otra de repuesto. Muy barato le cobra y ya de noche está dispuesto a volver. Ha pasado alrededor de una hora y media… pero se hace eterno. Sale con la rueda girando por el piso hacia el camino, como quien se dirige al piquete y un jeep moderno se detiene, le pregunta donde va. Claramente para el camino opuesto a ellos. Le ofrecen llevarlo igual para sacarlo del apuro…  a Gus le da pena porque es como a mucho más de media hora por ese camino espantoso, pero el hombre insiste, es una familia muy gentil con su pequeño perrito. Al fin acepta y arrancan de vuelta, ahí le cuenta el señor que hace el camino casi a diario porque vive en Mocoa y trabaja en un pueblo del otro lado, San francisco. Se conoce el camino de memoria y va a una velocidad poco creíble- por no decir de loco, tomando curvas y pozos como en un rally… Gus inquieto  sostiene la  conversa, pero solo quiere llegar, no tiene idea si estamos tranquilas o no.. en  20 minutos ya están ahí… frenan con las luces prendidas a metros de la Hitana y nos toman de sorpresa, solo deseamos que sea Gus, porque no sabemos qué más puede bajar de ese jeep y cual pueda ser nuestra suerte…

Uff gran alivio al verlo!! Cansado muy cansado pero con la salvación a acuestas… reemplazamos el auxilio y agradeciendo muchísimo por la gauchada arrancamos de vuelta, el hombre amagó una indicación para que lo siguiéramos pero al minuto por supuesto lo perdimos en su velocidad…

Recién podemos volver a decir que otra vez venimos “bien” aunque lo que falta es una vía igual a la anterior pero también atravesada de riachuelos que como no conocemos y no se veía un joraca , nos bajamos cada vez a probar por donde no era profundo atravesar y casi cruzarlas a fondo para que la corriente no tirara… un poco más libre la vía y ya siendo muy de noche llegamos al río pepino, donde nos quedamos por más de una semana. Creo que tanto nos gustó y tan agradecidos estamos a ese río porque con la frescura de sus aguas calmo nuestros ánimos después de tal aventura. Y sí! seguimos vivitos y coleando los tres… los cuatro, larga vida a nuestra nave!!! La más de lo más.